Procrastinar: ¿Qué es la procrastinación y cómo dejar de hacerlo?

7 técnicas simples para comenzar ya a dejar de procrastinar. Recupera el control de tu cerebro y comienza a hacer todas esas cosas que has estado posponiendo.

Amaya Ortega
Amaya Ortega
Asesora laboral
Procrastinar: ¿Qué es la procrastinación y cómo dejar de hacerlo?

Seguramente, en este momento, tienes algún trabajo o tarea pendiente que has dejado para después y has decidido que sería mejor idea leer este artículo; el cual, probablemente haya aparecido como recomendación después de leer otros 10.

 

Pues la buena noticia aquí es que quizás hoy sea el día en el que procrastinar, por fin te lleve a algo bueno y productivo, como leer este artículo en dónde te cuento ¿por qué estás postergando esas tareas y cómo dejar de hacerlo?

 

¡Pero, venga!

 

No me agregues a tu lista de “leer más tarde” y mejor comienza ya a leer este artículo donde encontrarás:

 

  • Significado de Procrastinar
  • Razones por las que procrastinamos
  • 7 maneras para dejar de procrastinar.

 

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¿Qué es Procrastinar?

 

El significado de procrastinar según la RAE es diferir o aplazar alguna acción o tarea. 

 

Así mismo, si analizamos este mismo término desde su etimología, tenemos: 

 

pro - adelante y crastinus - mañana 

 

Lo que nos sigue hablando a manera muy básica de lo mismo: postergar.

 

Entonces, por sus definiciones más básicas sabemos que procrastinar es el postergar o dejar para mañana, alguna acción. Pero realmente, ¿qué hay detrás de todo este concepto?.

 

La palabra “procrastinar”; a diferencia de “postergar” viene acompañado del dejar un deber importante para el último momento; ó reemplazar una tarea importante por entretenimiento, distracciones y ocio. 

 

Pero la principal diferencia entre estos dos términos es que mientras que postergar alguna acción puede tener razones entendibles como: “postergar un evento por mal clima”, “postergar unas vacaciones, por exceso de trabajo” etc. 

 

El procrastinar contradice completamente a la razón, paralizando nuestra voluntad y haciéndonos tomar decisiones aun cuando estamos totalmente conscientes de que nos son las correctas, por ejemplo: “jugar 2 horas de videojuegos, cuando tengo que entregar un reporte en 3 horas que aún no hago” “ordenar los cajones de mi escritorio, cuando tengo una presentación muy importante que crear”.

 

Estoy segura de que para este punto, ya sabes de lo que hablo cuando me refiero a procrastinar, y también de que has estado ahí. 

 

¡Todos hemos procrastinado!

 

Para describirlo de una manera más simple y cotidiana te pondré algunos ejemplos de procrastinación que te aseguro, que cualquier persona que esté leyendo esto ha hecho –al menos una vez esta semana–.

 

  • Pausar el trabajo diciendo que vas a checar rápidamente si no tienes mensajes nuevos, y terminas viendo el feed de Instagram o de Facebook por horas.
  • Decir que vas a ver “un capítulo y ya” de tu serie en turno y acabar viendo la temporada completa (aun con todo ese trabajo pendiente).

 

¿Te suena algo de esto?

 

Lo peor de todo es que detrás de esas distracciones, ni siquiera tenemos una satisfacción plena, ni un descanso real, ya que lo único que nos queda tras seguir procrastinando es un sentimiento de culpa, frustración y fatiga producida principalmente por el agobio de no estar cumpliendo con nuestras responsabilidades.

 

Pero entonces, si sabemos que procrastinar no nos llevará a ningún sitio y que solo estamos aplazando lo inevitable, ¿por qué lo hacemos?

 

¿Por qué dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy?

 

La mayoría de las personas, relacionamos automáticamente la acción de postergar con la pereza, desidia, irresponsabilidad, etc. 

 

Cuando postergamos una tarea o la dejamos para el último momento, esto nos trae un sentimiento de culpa, ya que lo asociamos a que no estamos cumpliendo con nuestro deber. 

 

Entonces, si procrastinar se siente tan mal, ¿por qué seguimos haciéndolo?

 

Diversos estudios han aclarado que la procrastinación sí es el acto de postergar ciertas tareas, pero que la razón de ello, en la mayoría de los casos, no es pereza o falta de compromiso, sino un temor inconsciente a enfrentarnos con dicha tarea.

 

En primer lugar debemos aclarar que la procrastinación es un acto irracional, crónico, producido por una incapacidad para manejar los sentimientos que se producen en torno a dicha actividad que estamos procrastinando.

 

Dicho de otra manera, procrastinar es un mecanismo del mismo cerebro que se activa cada vez que queremos evadir ciertos sentimientos ó emociones que nos produce hacer dicha acción que vamos postergando.

 

Esto se sostiene con la teoría de que nuestro cerebro prioriza el manejo inmediato de emociones negativas por encima de la responsabilidad o compromiso con dicha tarea.

 

Es decir, si el trabajo que estás postergando, le produce a tu cerebro una emoción negativa como el miedo al fracaso, por ejemplo, él activará la procrastinación para evitar por el mayor tiempo posible que te enfrentes a dicho miedo, sin importar que eso te deje a raya con la fecha de entrega.

 

Pero no en todos los casos de procrastinación esto es igual…

 

¿Qué tipo de Procrastinador eres?

 

Tim Urban, explica en una TED Talk, que existen dos tipos de procrastinación:

 

El primero sucede en aquellas tareas que tienen una fecha límite para ser entregadas o terminadas, en donde el sentido de urgencia, aunado a un miedo mayor del que hemos estado evitando al procrastinar; hace que en el último minuto paremos de procrastinar y finalmente comencemos a realizar dicha tarea.

 

Por ejemplo, cuando en la universidad te han dejado un proyecto que se entrega en dos semanas, probablemente si este proyecto te evoca algún sentimiento negativo, lo vas a postergar los primeros 13 días, y solo hasta que falten unas horas para entregarlo tu sentido de urgencia se activará por un temor más grande como el perder la materia, reprobar el curso, no terminar la universidad, no conseguir tu título, no poder encontrar el trabajo de tus sueños, ser un fracasado, etc.

 

En ese caso, estarás motivado por el miedo y serás capaz de reaccionar finalmente para terminar de manera muy apresurada esa tarea que postergaste.

 

El segundo tipo de procrastinación es un poco más complejo, ya que este ocurre en tareas que realmente son importantes, pero que no tienen una fecha límite, por lo que muy probablemente tu sentido de urgencia jamás se active y queden inconclusas por meses, años o de por vida.

 

Ejemplos de este segundo grupo son: pasar tiempo con tu familia, renunciar a ese empleo que odias y abrir tu negocio, ir al gimnasio, ir a terapia, visitar a tus padres, etc.

 

El gran problema con el segundo grupo de procrastinación es que, es mucho más difícil de detectar y puede producir efectos mucho más graves que reprobar un curso por no entregar el proyecto final.

 

El segundo tipo de procrastinación genera, infelicidad, frustración, depresión, perdida de confianza en uno mismo; y todo esto a un largo plazo, que puede durar tanto como toda una vida.

 

Entonces, ¿qué podemos hacer para dejar de procrastinar?

 

¿Existe alguna salida para este callejón de la Procrastinación?

 

Lo primero que debemos hacer para dejar de procrastinar –o al menos para intentarlo– es identificar los sentimientos o emociones negativas que tu cerebro intenta evadir procrastinando.

 

Aunque al principio te pueda sonar absurdo el hecho de que puedas temerle al entregar tu trabajo de tesis, una vez que lo pienses de manera más consciente, podrás detectar qué hay detrás de toda esa procrastinación.

 

¿Miedo al fracaso? ¿Miedo al éxito? ¿Auto-sabotaje? ¿Miedo al compromiso? Etc.

 

Si has detectado alguna de esas, probablemente deberías comenzar a trabajar en esos sentimientos y en lo que los generan, pero...

 

Mientras sanas esas emociones, existen algunos métodos que te pueden ayudar a contrarrestar las barreras que tu propio cerebro te construye.

 

En este artículo, te compartiremos…

 

7 consejos para dejar de procrastinar (lo antes posible).

 

1. La regla del mínimo esfuerzo.

 

El cerebro siempre va a preferir aquellas tares que le otorguen una gratificación inmediata, mientras sea a menor plazo y por el menor de los esfuerzos, mejor.

 

Entonces, nosotros podemos aprovechar este razonamiento a nuestro favor, volviendo más fáciles aquellas tareas que debemos hacer y más complicadas aquellas que nos distraen.

 

Por ejemplo, si nos hemos propuesto salir a correr todas las mañanas, pero sentimos pereza y renunciamos al sentir que existe una serie de actividades previas al estar corriendo en el parque, como: buscar nuestra ropa deportiva que no hemos usado en años. 

 

Lo que podríamos hacer sería comprar un par de conjuntos deportivos y unas zapatillas, y ponerlas a la mano. Incluso si tu plan es ir a correr muy temprano, como primera actividad del día, podrías dormir vestido con la ropa para hacer ejercicio, de esta manera al sonar tu alarma sentirías que ya solo tendrías que salir por la puerta comenzar a trotar.

 

Todo esto es una manera de recortar tus posibles excusas, lo más que puedas para sentir que haces el mínimo esfuerzo al cumplir tus tareas y que así tu cerebro las tome como aquellas que desea hacer porque le resultan fáciles.

 

2. La regla del mínimo esfuerzo invertida

 

Esta misma técnica que te he mencionado en el punto anterior, también funciona de manera inversa para quitarnos esos hábitos que nos distraen.

 

Esas tareas que requieren de poco esfuerzo y nos ofrecen una recompensa inmediata, son las favoritas de nuestro cerebro para sustituir aquellas otras que de verdad son productivas.

 

Por ejemplo, tomar el celular y abrir la aplicación de Instagram no nos toma más de un segundo, y a cambio tenemos miles de fotos y videos para ver, sin la necesidad de movernos ni un centímetro de nuestra cama o sofá.

 

De igual manera, tomar el control remoto para encender la televisión nos tomará menos tiempo que tomar una clase de idiomas o leer un libro.

 

Pero ¿qué pasaría si nosotros mismos, volviéramos más complicadas estas tareas?

 

Por ejemplo, quitándole las pilas al control de la televisión y guardándolas en un cajón en la habitación más lejana. Aplicaría la misma ley en donde el cerebro preferiría hacer otra cosa que requiriera menor esfuerza y nos pudiera dar una gratificación en menor tiempo.

 

3. Divide tus tareas en acciones simples.

 

Muchas veces postergamos una tarea porque esta nos parece muy difícil e intimidante, por lo que será más fácil que la logremos realizar si la dividimos en 10 tareas más simples que no nos evoquen sentimientos de miedo o incomodidad.

 

Por decir, no es lo mismo tener que leer un libro de 500 páginas, que leer un capítulo de 10. La segunda suena mucho más factible de lograr.

 

De esta manera, logrando poco a poco las sub-tareas que conforman la acción final será más fácil avanzar y dejar de procrastinar.

 

4. Date una recompensa al terminar tus tareas.

 

Trata de que esas actividades que tanto te gusta hacer, dejen de ser distracciones y conviértelas en recompensas.

 

Haz acuerdos contigo mismo en donde establezcas metas o periodos de trabajo y cada vez que los cumplas, prémiate con una recompensa. 

 

Esto te motivará a terminar antes y te hará sentir gratificado, sentimiento que tu cerebro comenzará a pedir con más frecuencia por lo que cada vez será más fácil completar el trabajo.

 

5. La regla de los 5 segundos.

 

“The 5 second rule” es un libro escrito por la abogada Mel Robins en la que ella explica una técnica para evitar que nuestro cerebro nos paralice antes de actuar.

 

En este libro, Mel Robins nos dice que desde el segundo en el que aparece en tu cerebro la idea de “tener que hacer algo” cuentas con tan solo 5 segundos para hacerlo, después de ese periodo tu cerebro ya habrá formulado diferentes excusas y barreras para convencerte de que no lo hagas y muy probablemente lo vas a postergar.

 

Según la regla de los 5 segundos, todos evocamos un impulso en ese primer segundo que se aparece una idea en nuestra mente, y si en vez de seguirlo naturalmente lo comenzamos a frenar, ya no tendremos oportunidad de llevarlo a cabo, o al menos esa misma tarea parecerá mucho más difícil. 

 

Entonces, la solución es tomar acción en esos 5 segundos antes de que dicho impulso se extinga.

 

Si bien, no vas a completar la tarea en esos 5 segundos, sí deberás dar el primer paso, esta primera acción puede ser: comenzar a caminar hacia el lugar en donde vas a realizar la tarea, escribirlo, poner un recordatorio, levantarte del sillón… todo dependiendo de lo que tengas en mente.

 

6. Visualización

 

Cuando te sientas realmente encapsulado en un círculo de procrastinación, tomate 2 minutos para hacer este ejercicio:

 

Cierra los ojos y visualiza cómo se vería tu vida en 6 meses de no haber hecho esa tarea que has estado postergando.

 

¿Conseguiste lo que querías? ¿Qué consecuencias hubo de no haber entregado dicho trabajo o proyecto?

 

Aclara en tu mente qué fue lo que te hizo falta hacer y qué perdiste porno haberlo hecho. Por ejemplo: “Debido a que no entregue mi informe mensual a tiempo, no recibí el ascenso que había deseado”.

 

Ahora, visualiza el escenario positivo, en donde imaginas qué ha pasado ahora que hiciste todo lo necesario. Por ejemplo, “Gracias a que realicé mis entregas a tiempo, ahora he recibido un ascenso y me han aumentado el sueldo”

 

Con este ejercicio lograrás auto-motivarte para vencer cualquier barrera que tu cerebro esté poniendo en tu cabeza, ya que tendrás más clara la recompensa que vas a recibir al hacer el trabajo.

 

7. Inspírate

 

Muchas veces la falta de inspiración también genera que nos paralicemos y en vez accionarnos, comencemos a postergar aquello para lo cual no nos sentimos lo suficientemente inspirados o creativos.

 

Pero eso se puede solucionar muy fácil.

 

Por ejemplo, si te has propuesto cocinar para comer más sano, pero cuando llega la hora de hacerlo comienzas a procrastinar, puedes intentar ver videos de recetas sanas en internet, de donde puedas sacar inspiración para lograrlo.

 

Verás cómo eso eleva tus ganas de hacerlo.

 

¡Ahí lo tienes!

 

¿Qué opinas de las verdaderas razones de nuestro cerebro para procrastinar?

 

No somos tan vagos como creíamos ¿cierto?

 

Ahora que entiendes mejor cómo es que funciona el círculo vicioso de la procrastinación te será más fácil romperlo. 

 

Gracias por leer este artículo. Me encantaría saber si has aplicado alguna de estas técnicas para evitar la procrastinación. Escríbeme en los comentarios tus dudas y continúa leyendo nuestros artículos con más consejos sobre cómo mejorar en el ámbito profesional.

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Amaya Ortega
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